Iten, Kenia: entrenamiento para el maratón
Fecha: De marzo a abril de 2021
Lugar: Iten, Kenia
Objetivo: Entrenar con los campeones mundiales del maratón y recaudar 5.000 €
Total recaudado: 8.194,85 €
Destino de los fondos: 5.038 € para becas de estudio de 15 niños en Nepal, 750 € para la alimentación de 14 niños del Sharadas Shelter for Children y 1.656,85 € para proyectos solidarios en Kenia.
En la primavera de 2021, deslumbrado por el sueño de convertirme en un atleta más completo, decidí irme a entrenar al centro neurálgico del atletismo mundial. El destino solo podía ser uno: Kenia. Quería dar el salto como corredor, crecer y pasar al siguiente nivel.
Kenia es la meca del atletismo. Un país de cincuenta millones de habitantes situado en el corazón de África, junto a la línea del ecuador, en la confluencia del valle del Rift. Un territorio con una naturaleza exuberante, rico en sol, lluvia, mar y bosques. En el principio de los tiempos, la sabana estaba dominada por elefantes, rinocerontes, jirafas y leones. Animales que hoy se encuentran confinados en reservas naturales, al borde de la extinción.
Allí, en el interior rural de Kenia, al final de una carretera rodeada de acacias y jacarandás, se encuentra una población muy peculiar llamada Iten. A la entrada del pueblo, un arco rectangular da la bienvenida: “Welcome to Iten, Home of Champions”. Y así es. No hay otro lugar en el mundo con tantos campeones olímpicos por metro cuadrado. Y, además de los kenianos, es el hogar de muchos atletas, aficionados y profesionales, de distintos países. Cada año, cientos de ellos llegan a Iten en busca de una preparación de excelencia. Es el lugar ideal para concentraciones antes de pruebas importantes como los Juegos Olímpicos o los campeonatos del mundo.

Las condiciones son perfectas para el entrenamiento de alta competición. El pueblo está a dos mil cuatrocientos metros de altitud, un factor que favorece y estimula la capacidad aeróbica, así como la eficiencia en el transporte de oxígeno. El proceso es similar al de la aclimatación en la montaña: ante la menor presión atmosférica, el organismo se adapta produciendo más glóbulos rojos y aumentando la concentración de hemoglobina en la sangre. La táctica de los atletas consiste en entrenar en altitud y después competir al nivel del mar. Desde el punto de vista del rendimiento, el beneficio es absolutamente estratosférico.
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El contexto es sencillo y humilde. En Iten no hay centros de alto rendimiento, infraestructuras de lujo ni clínicas bien equipadas. No siempre hay internet, electricidad o agua caliente. Solo la carretera principal está asfaltada. El resto son caminos de barro rojo, llenos de piedras y de vacas sueltas. Excepto la mítica carretera de Moiben: un viacrucis de treinta kilómetros en el camino a Eldoret, la capital de la región. Es allí donde, todos los sábados por la mañana, los mejores corredores del mundo hacen su entrenamiento largo y derraman sobre el asfalto el sudor de quienes luchan por un lugar en la historia. Pasan a nuestro lado como gacelas huyendo de un depredador.
Mi experiencia en Kenia no podría haber sido más enriquecedora. Durante semanas, viví y entrené como un atleta de alta competición. Todas las rutinas diarias estaban orientadas al crecimiento personal y al rendimiento deportivo. Me acostaba sobre las nueve y me levantaba para entrenar antes de que saliera el sol. Las sesiones de carrera eran durísimas, no solo por la altitud, sino también por la humedad, el calor, la lluvia y unas cuestas asesinas de cientos de metros. Cada día corría una media de veinte a treinta kilómetros. Un régimen radicalmente exigente desde el punto de vista físico y mental.
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Con esta iniciativa en Kenia, acabé vinculando una recaudación de fondos al proyecto Dreams of Kathmandu. Fue la primera vez que intenté recaudar fondos para Nepal a través de una aventura en otro país. La recogida de donativos avanzó a un ritmo excelente y se superó la cantidad propuesta inicialmente para financiar la educación de varios niños nepalíes.
Lo más increíble de esta aventura es que también acabé implicando a los donantes en proyectos humanitarios en Kenia. De repente, ya no solo estábamos ayudando a Nepal. Con esos donativos fue posible comprar una vaca lechera por 200 € para el Sr. Boaz —uno de los atletas que corrían conmigo— y además destiné 1.456,85 € a comprar una silla de ruedas para el Sr. Gilbat, un joven de treinta años que se había caído de un árbol y se había quedado parapléjico.
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